
El uso de casco es obligatorio por ley, pero la adopción real es bajísima. El riesgo en caso de choque es real y las consecuencias, graves.
La consigna del trabajo práctico pedía diseñar un casco. El research mostró que el objeto solo no alcanza: fue necesario ir un paso más allá y redefinir el sistema completo detrás del hábito de uso.
Descubrir. Research propio en cuatro frentes distintos, antes de tocar forma: marco normativo, anatomía y riesgo real, contexto de la ciudad, y usuario real.
Marco normativo y anatomía real. Uso de casco obligatorio por Ley 25.965, con homologación exigida bajo norma IRAM 3621. Cruce con normas de referencia internacional, EN-1078 (Europa) y CPSC 16 CFR Part 1203 (EEUU), para definir los ángulos de visión y la cobertura mínima exigidos. El punto más frágil del cráneo es el Pterion, no la coronilla, y los golpes reales en un choque son mayormente rotacionales, no verticales, algo que el diseño de casco tradicional no siempre contempla.

Lesiones y accidentes más comunes. Mapeo propio de lesiones por zona del cuerpo (cabeza, espalda y columna, área abdominal y genital, fracturas óseas, abrasiones) y de los tipos de accidente más frecuentes entre ciclistas, en intersecciones y circulando.

Contexto de la ciudad. Clima y humedad de Córdoba condicionan ventilación y materiales del casco. Desniveles y terreno del Área Central afectan el esfuerzo real del ciclista, relevados en 12,65 km de ciclovías mapeadas. El sistema 'Bici CBA' define la escala real donde opera el proyecto.
Humedad y temperatura de Córdoba condicionan ventilación y materiales del casco.
Desniveles del Área Central relevados junto a la red de ciclovías, definen el esfuerzo real del recorrido.
'Bici CBA' opera con 9 estaciones y 180 bicicletas en la ciudad.
Usuario real. Encuesta propia sobre edad, género, motivo de uso o no uso del casco y distancia recorrida.
Relevamiento antropométrico. Medición propia de cabeza para definir talles S/M/L, contrastada con percentiles 5, 50 y 95 de la muestra.

Definir. El quiebre central del caso: el problema no era la ausencia de un buen casco, era la falta de incentivo para usarlo, más de 6 de cada 10 ciclistas no lo usa nunca pese a ser obligatorio. Se redefine el alcance del proyecto: no diseñar solo un objeto, diseñar el sistema que hace que ese objeto se use.
26% de los encuestados evita el casco por motivos estéticos.
30% no lo usa porque el trayecto le parece demasiado corto.
21,5% lo asocia a incomodidad física o de uso.
El patrón varía con la edad: 72% de los 18 a 25 años no usa casco nunca, contra 28% de los mayores de 55. Entre los jóvenes pesa lo estético, entre los mayores, que el trayecto les parece corto. El público más numeroso del sistema (61,3% de los usuarios) es también el más reacio, y el que más responde a mecánicas de juego e imagen social.
Idear. El 80% de los encuestados participaría de actividades de concientización vial a cambio de un casco: el incentivo funciona mejor que la obligación. Gamificación como mecánica del sistema: puntos por kilómetros recorridos, cursos de concientización y desafíos superados, canjeables por recompensas. El casco pasa a ser una recompensa dentro del sistema, no el único entregable.
Incentiva al usuario a seguir mejorando, en vez de exigirle de una vez.
Motivan a elegir la bicicleta como medio de transporte, no solo a usar el casco.
Las lecciones de seguridad vial se vuelven parte del juego, no un trámite aparte.
Planteo de campaña. Basado en sistemas de bicicletas públicas de referencia internacional, se plantea un esquema tarifario para amortizar mantenimiento de flota, elementos de seguridad y demás costos del servicio: residentes de la provincia de Córdoba viajan gratis hasta 30 minutos de lunes a viernes, con tarifa en sábados y feriados; turistas pagan tarifa todos los días, más baja de lunes a viernes.
El sistema no solo cambia el hábito del usuario, también genera beneficio público: una población más activa implica menos carga para el sistema sanitario y un entorno más sano, la infraestructura para bicicletas cuesta menos que la vial tradicional, y los comercios cercanos a ciclovías ganan movimiento económico.
Validación de materiales. Ensayo de impacto propio: bola de acero de 9 gr sobre probetas de TPU impresas en distintas geometrías (zigzag, panal de abeja y variantes intermedias), midiendo altura de rebote en cada una. Prueba complementaria en plastilina para registrar la marca de deformación real de cada geometría.
Mayor altura de rebote, menor absorción de impacto.
Menor altura de rebote de las geometrías ensayadas, mejor absorción. Geometría elegida para producción.
Prueba complementaria para registrar la marca de deformación real de cada geometría.
De neumático a filamento. Con la geometría panal de abeja validada, la estructura se produce en caucho reciclado de NFU. El CTR recibe los neumáticos fuera de uso y Ecovalor, empresa cordobesa, los procesa separándolos en caucho, alambre y nylon. El caucho se integra a un TPE con 20% de material reciclado, que se convierte en el filamento con el que se imprime el casco en 3D.
La app es la pieza central del sistema: convierte cada viaje en puntos canjeables y es donde vive la gamificación pensada en la etapa de Idear.

Por kilómetros recorridos, cursos de concientización vial y desafíos mensuales de recorrido o reciclaje.
Tiempo extra de bicicleta, casco y elementos de seguridad, entradas culturales, merchandising oficial y productos de empresas privadas.
Contador de kilocalorías gastadas (53,8% usa la bici para hacer ejercicio) e indicador de CO2 ahorrado por viaje.
El resultado físico de todo el proceso.

Se retiran los soportes de impresión de la pieza terminada.
Se montan correas, hebillas y sistema de ajuste por talle.

Se ajusta empujando con la nuca, sin regulador externo.
Calibran la tensión de la correa en cada lateral.
Guía integrada a la calota, evita que la correa se deslice.
