
Cuando Ferrari presentó la Luce, la reacción inmediata fue “es fea”. Y sí, para mí también es fea. Pero el problema real no es estético, es de identidad. Le sacás las insignias del Cavallino Rampante y podría ser cualquier otra cosa.
Ferrari siempre fue deportividad y agresividad combinadas con estilo y elegancia italiana y la Luce no es nada de eso. Y sé que algunos diseñadores de la marca dijeron que fue una decisión deliberada, que quisieron crear algo distinto. Pero desde mi punto de vista, eso no lo justifica,sino que encima lo agrava.
Hace tiempo que muchas marcas automotrices están dejando atrás la esencia que las diferenciaba para migrar hacia algo “estandarizado”. Y ese estándar parece cada vez más el de los productos tecnológicos como celulares, televisores y notebooks donde prima el minimalismo genérico.

En el sector tecnológico esto tiene cierta lógica. Los celulares homogeneizaron su aspecto pero trasladaron la competencia hacia adentro: 10 megapixeles más, 6 GB de RAM extra, mejor procesador,etc. El diferenciador dejó de ser visual y pasó a ser técnico. Se puede discutir si es o no la estrategia correcta, pero al menos hay cierta lógica detrás.
En el sector automotriz esto no se traslada así. Los autos no solo son cada vez más parecidos visualmente, sino que además perdieron sus diferenciadores técnicos. Antes había una lógica clara: si querías seguridad, te comprabas un Volvo. Si querías performance, te decantabas por un BMW. Y si priorizabas el confort te inclinabas por un Mercedes.
Hoy esas fronteras casi no existen, se homogeneizaron en los dos frentes al mismo tiempo.
Esto lo termina de confirmar la última publicidad del Chevrolet Sonic, donde una de las características que destacan es que tiene la pantalla más grande del segmento. No “el más seguro”, o “El más eficiente”, o “El que alcanza mayor velocidad”, ni siquiera “El más ecológico”. No, lo que eligieron destacar es el tamaño de la pantalla del sistema multimedia
Entonces aparece la incógnita “¿Qué nos queda para distinguir a un auto de otro?”
Lo que queda es la marca, y ahí está el verdadero problema y el error de Ferrari a mi parecer. El sector automotriz pareciera estar migrando hacia un mercado donde el comprador no elige por prestaciones ni por diseño, sino por el estatus que le da ese logo en el frente. Y si ese es el juego del mercado actual entonces la historia, el legado y la esencia de cada marca son lo único que les queda como diferenciador real. Tirarlo por la borda para “ser distintos” es exactamente el movimiento equivocado.
Podés hacer un auto eléctrico, minimalista y moderno sin dejar de ser Ferrari. El problema no es adaptarse al mercado, el problema es hacerlo olvidando quién sos y tu esencia.
Así como nadie me pidió esta opinión, nadie me pidió que rediseñara la Ferrari Luce. Pero a lo mejor llega una changa de diseño desde Maranello
